Hoy hemos quedado para una prueba. Superar un reto. Y yo no sabía que hoy era una fecha señalada para ti.

No trajiste el pulsómetro. Hiciste bien. Sabías que si lo mirabas y los despiadados números eran altos te desanimarías.

Al principio salimos en grupo, cada una a lo suyo, diez luchadoras cada una para su particular reto… el tuyo: la vida.

No te perdía ojo, iba y venía para comprobar que el ritmo suave era el adecuado para todas. Ibamos muy bien. Te miraba y te veía y te sentía concentrada, “va bien, me decía para mí”. “¿Qué tendrías en la cabeza?-

A menos de 500m para el final, no se explicar porqué te miré y me pegué a ti, una energía invisible, inexplicable, me invadió y nuestras respiraciones se acompasaron, sólo escuchaba mi corazón y nuestra respiración y una calma grandiosa que crecía conforme aumentábamos el ritmo y veíamos la meta. Aceleramos. No corríamos, sentía que flotábamos. Y luego, llegar, abrazarnos, dejar las lágrimas fluir, no había nada más ni nadie más en esos escasos segundos en los que duró el abrazo. Luego me explicaste el porqué:

“Un dia como hoy, un 22 de mayo en plena quimio fue uno de los peores días de mi vida, nunca podré olvidar que no podía ni ponerme de pie y hoy he superado el trauma, por primera vez desde entonces he sido capaz de correr 5km seguidos sin parar y me alegro de haberlo compartido contigo”

Yo también me alegro, muchas gracias a ti por demostrarme que luchar tiene sentido. Que la vida merece la pena y que nuestra mente puede vencer a nuestro cuerpo cuando éste nos da la lata. Hermosa!!

Campeona

Campeona

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